Cascais, para perderse

En verano, lo mejor de Lisboa no está en Lisboa.
Desde la capital hasta el Cabo da Roca se extiende la línea costera del abra del Tajo. Allí se encuentran Estoril y Cascais, dos pequeñas ciudades que a finales del siglo XIX se convirtieron en destino de lujo de la jet-set europea (incluidas las familias reales española y portuguesa) y que hoy ya han pasado de moda, pero siguen conservando una solera especial (”son para chillarlas“, que diría una que yo me sé).
El pueblo de Cascais podría ser cualquier pueblo costero andaluz, blanco luminoso, hecho de estrechas calles empedradas, tiendas (algunas muy lujosas) y niños corriendo y gente sentada en las terrazas al atardecer. ¡Muy recomendado un helado en Santini! Dicen que el de morango (fresa) es superior. Yo es que soy de chocolate…
La Marina no tiene gran cosa, es un puerto pequeño, aunque en la zona de locales hay alguna tienda divertida, sitios animados de copas y varios restaurantes. Uno de ellos, La Brasserie de l’entrecôte, de muy elegante apariencia, tiene un solo plato: Entrecôte con una salsa a elegir entre dos y patatas fritas. Parece simple; pues es de lo más delicioso que he probado últimamente. La cena con vino acaba saliendo por menos de 20€. Recomendadísimo.
Caminando desde la Marina en dirección oeste se descubren algunos de los encantos secretos de Cascais. Precisamente frente a la entrada de la Marina se encuentran el Faro de Santa Marta y una preciosa casa que pertenece a los Espirito Santo, dueños del banco portugués del mismo nombre. También allí encontramos el antiguo palacio de los Condes de Castro Guimaraes, un edificio simbólico en Cascais. Si seguimos caminando por ese paseo (que poco a poco se convierte en la Avda. Rei Humberto II de Italia), en dirección al acantilado de la Boca do Inferno, encontraremos a apenas 3 minutos el Farol Hotel Design, un hotel diseñado en plan vanguardista con un salón, y sobre todo, unos jardines y una terraza extraordinarios: insuficientemente iluminados y donde sólo se oyen las olas rompiendo contra la roca. Perfecto para tomarse una copa (mejor bien acompañado) y perder la mirada en el Atlántico. O si hay ganas de más marcha, junto al Hotel está Coconuts, una de las discotecas más chics de Lisboa.
En fin, Cascais no es un sitio para visitar sino para perderse con alguien…y con un poco de suerte no volver a aparecer.

